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Deconstruyéndonos
La mitad de los jóvenes españoles (48,9%) ha tenido un problema de salud mental. "Hemos dado el paso de visibilizar el problema en redes sociales, ahora hay que hacerlo en cómo ayudar a esas personas"
La dolencia no es tangible, no se ve a simple vista y tiene que ver con la fragilidad de la mente humana. «Está mal de los nervios», es una frase que se utilizaba para hacer referencia a esa amiga que lleva semanas sin dar señales de vida, o a aquel compañero que se ha tenido que coger una baja laboral. Vago, imprevisible, agresivo…. ¿Cómo te sentirías si se refieren a ti de esa forma sin ningún criterio? ¿Piensas que tendrías problemas para mantener amigos, relacionarte con tu pareja, buscar trabajo o lograr tus objetivos en la vida si alguien hablase de esa manera? En la actualidad se siguen asociando falsas creencias o estereotipos a las personas con una enfermedad mental.
Ángel es un chico de 18 años, y de lo que se puede conocer a alguien en una tarde, se podría decir que es una persona simpática, con mucha personalidad y con una historia que tiene un profundo aprendizaje y lección. Fue diagnosticado hace un año con un trastorno mixto de ansiedad y depresión. «Tenía muchas dificultades para levantarme de la cama, para ir a clase, tenía problemas de concentración…», cuenta. «Vives en una situación de inquietud todo el tiempo. Después se deriva en depresión y llega un punto que no puedes más», explica frente a la cámara.

Ángel, 18 años.
Es una sensación inexplicable, pero la depresión es como estar muerto en vida.
Se refiere a la infancia como un periodo de su vida marcado por el bullying. Considera que el foco de críticas que sufrió cuando era pequeño se centró en una discapacidad auditiva que padece desde que nació. Estudios recientes revelan que ser víctima de abuso escolar deriva en altos niveles de depresión y ansiedad, así como una baja satisfacción con la vida. El principal problema causado en las víctimas del bullying son síntomas depresivos (68,8%) y ansiedad (67,2%), según el Tercer Estudio Sobre Acoso Escolar y Ciberbullying de la Fundación Anar.

Es importante entender en profundidad las dolencias de algunos trastornos mentales. A continuación se presentan testimonios como el de Daniela, que expresa qué es vivir con su madre, diagnosticada trastorno bipolar, Ángel retrata lo que significa vivir con un trastorno mixto de ansiedad y depresión y, por último, Mateo, diagnosticado esquizofrenia.

La salud mental sigue siendo objeto de prejuicio debido al desconocimiendo de ciertas enfermedades. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión es el problema de salud mental más extendido a nivel mundial, seguido de la ansiedad, la esquizofrenia y el trastorno bipolar. Muchos pacientes, como es el caso de Ángel, en ocasiones se han sentido vagos o incapatados para llevar a cabo actividades cotidianas.
Las cifras obtenidas de la Confederación Salud Mental en España, revelan la situación psicológica del país y a nivel mundial.
La depresión es una enfermedad que puede afectar a cualquier persona y se manifiesta por cambios en el estado de ánimo, en la forma de pensar, en el comportamiento y en los sentimientos. Es una de las enfermedades más frecuentes en todo el mundo, llegando a afectar a un 3,8% de la población, se calcula que 280 millones de personas tienen depresión.
Puede llegar a convertirse en un problema. En muchos casos, puede llevar al suicidio. Cada año se suicidan más de 700.000 personas en todo el mundo.
La depresión y la ansiedad son trastornos diferentes pero que a menudo se manifiestan juntos. De hecho, más del 50% de los pacientes depresivos tienen ansiedad. Y son dolencias con alta incidencia; se calcula que alrededor del 10% de los españoles padecen alguna de estas enfermedades. «Actualmente se habla más de estás enfermedades en las redes sociales, pero todavía no se habla mucho de si tienes un amigo, no le abandones, ayúdale. Hemos dado el paso de visibilizarlo, pero ahora hay que hacer el paso de cómo ayudar a esas personas», expresa Ángel.
Él deja un mensaje importante, que es que debería cambiar el pensamiento arraigado sobre las enfermedades mentales. La sociedad debería poder expresar libremente lo que siente, para así fomentar la atención sobre enfermedades mentales.

Tendemos a psiquiatrizar situaciones. La vida tiene momentos de sufrimiento que forman parte de la realidad
Un factor de preocupación entre los expertos es la automedicación de psicofármacos. Este término significa la toma de medicamentos por decisión propia sin la supervisión de un médico o un farmacéutico. Una costumbre desaconsejable y cada vez más común en la población.
Belén Arribas, psiquiatra Licenciada en Medicina en la Universidad de Valladolid, incide en que tendemos a 'psiquiatrizar' situaciones. Las cifras revelan un aumento elevado del consumo de medicamentos. «Tenemos que aprender a vivir con el sufrimiento», explica Arribas durante la entrevista.
Según los últimos datos publicados por el Ministerio de Sanidad, 2021 ha marcado un nuevo récord con 1.022 millones de cajas de medicamentos. En la cima se encuentran los antidepresivos, con un 45% más de venta respecto al año 2010. A continuación les siguen los ansiolíticos, cuya cifra ha ido en aumento a raíz de la pandemia por coronavirus.
¿Por qué la población camina inexorable hacia esa solución? Psicólogos y psiquiatras, como Arribas, coinciden en que el confinamiento por Covid-19 ha contribuido al crecimiento del malestar mental en general, aunque las cifras indican que en España ya era elevada con anterioridad.

¿QUÉ ME ESTÁ PASANDO, DR. GOOGLE?
La mayoría de la población busca respuesta a sus dolencias en buscadores como Google. Según una encuesta realizada por Lenstore, revela que el 88 % de las personas en España se acaba diagnosticando a partir de sus consultas por internet en lugar de buscar el asesoramiento de un doctor.
La práctica clínica y la experiencia, junto con los estudios de investigación, ayudan a los médicos a determinar los medicamentos de mayor eficacia para las personas con desórdenes psiquiátricos. Antes de recomendar cualquier medicamento, el/la psiquiatra debe llevar a cabo una evaluación diagnóstica comprensiva para cada paciente.

Cuando se habla de enfermedades mentales no sólo se pone el foco en la medicación, también existen una serie de creencias erróneas en torno a ellas que imposibilita a la persona en cuestión llevar una vida como la del resto de la sociedad.
El estigma sucede cuando alguien te observa de una manera negativa debido a una característica diferente o un rasgo personal que se considera una desventaja. ¿Qué tiene una enfermedad mental que la hace un blanco fácil para ser estigmatizada? Para resolver este interrogante es necesario remontarse a un hábito absurdo del ser humano que ocurre años atrás, la de diferenciar y señalar al que es distinto, separarle del grupo.
El interés dirigido a las enfermedades mentales no es positivo en la mayoría de lo casos. Arribas incide en que los estigmas asociados a las enfermedades mentales provienen del desconocimiento de la sociedad, «Cuando sucede algún delito o acto violento enseguida dicen que esa persona estaba en tratamiento psiquiátrico», concluye. ¿Hasta qué punto la persona es responsable de haber contraído un trastorno? Las personas con un diagnóstico lidian con una doble problemática, la sintomatología de la enfermedad y las trabas sociales que obstaculizan la propia recuperación.
Para cambiar es necesario observar y escuchar el testimonio de colegas, familiares, compañeros de piso, al chaval con el que un día crucé una palabra... y entender el dolor y el sufrimiento que conlleva una experiencia negativa en la que la persona se siente juzgada, y que el testimonio se convierta en una enseñanza sobre cómo tratar y educar a generaciones futuras para que estos comportamientos no se sigan repitiendo.
«Según estudios epidemiológicos, los pacientes con trastornos psiquiátricos son más frecuentemente víctimas de actos violentos que el resto de la sociedad»
Según la psiquiatra Arribas, «esta violencia se multiplica cuando estamos hablando de mujeres con enfermedades mentales». La OMS ha decretado la gravedad de la violencia contra las mujeres, e indica que se ha vuelto un problema a gran escala. Estudios revelan que aproximadamente el 50% de mujeres con una enfermedad mental ha sufrido violencia en algún momento de su vida adulta, según la Investigación sobre violencia contra las mujeres con enfermedad mental.
Hace un año que Daniela (19 años) supo el diagnostico de su madre, quien empezó con periodos depresivos que derivaron en episodios «diferentes a los habituales», como ella explica. Su padre los resumía diciendo que «se ponía como una moto».
Se podría decir que enseguida te percatas cuando la persona que está frente a ti ha tenido que madurar antes de tiempo, o cuando tuvo que afrontar en un pasado un problema con una perspectiva adulta.
Daniela explica que su madre tiene 54 años, y que, cuando escuchó por primera vez a su hermana pronunciar bipolaridad pensó que era lo «típico de que alguien se ríe y después llora. Después empecé a investigar sobre ello y me di cuenta de que los síntomas se parecían a los que mi madre tenía», expresa.
Según la OMS, el trastorno bipolar puede darse en cualquier persona y la incidencia mundial está representada por el 3%.
Comenzó con episodios distintos, mi padre los denominaba «se ponía como una moto»

Daniela, 19 años.
Existen asociaciones que se encargan de enfermedades mentales concretas, como ocurre con la Asociación Bipolares de Jaén (ABIJA). Su función es brindar ayuda a los pacientes con trastorno bipolar y a sus familiares; ofrecerles apoyo psicológico, psiquiátrico, social y profesional.
En ocasiones los pacientes tienen recaídas y necesitan comunicación afectiva con una persona que considere de confianza. Francisca Molina, la presidenta de dicha asociación, explica la importancia del círculo de apoyo para las personas con esta patología.
Daniela cuenta que su madre comenzó a emprender negocios, a endeudarse y destaca que «su familia sufría las consecuencias de toda aquella euforia». La convivencia con una persona con un diagnóstico puede llegar a ser en muchos casos difícil. La gran mayoría de veces son las familias las primeras en percatarse del problema, pero resulta complicado entender cómo se siente la persona en cuestión. Es por ello la necesidad de acudir a un especialista y ser una persona empática.
El trastorno bipolar es una enfermedad mental que afecta a más de 140 millones de personas en todo el mundo, al mismo tiempo que es uno de los trastornos más estigmatizados y con más prejuicios asociados. Incluso existen personas que expresan sus cambios de humor con la famosa frase de "tía/o yo es que soy bipolar» Es por ello que cabe recalcar que los cambios dentro del trastorno no son voluntarios. En España la padecen más de 1 millón de personas, y a pesar de ello sigue siendo un trastorno psíquico desconocido.
Con el tratamiento adecuado, los pacientes pueden llevar una vida completamente normal, pero casi la mayoría decide abandonar la medicación. Entre las causas se encuentra la existencia de cierto rechazo al diagnóstico.
Aunque los fármacos son una parte fundamental del tratamiento del trastorno bipolar, como estabilizadores del estado de ánimo, el futuro apunta a la medicina personalizada. La investigación avanza buscando formas de averiguar cuál es el tratamiento idóneo para cada paciente individual.
La enfermedad se asocia con episodios psicóticos que provocan vivencias no compartidas por su entorno, como pueden ser voces, sensación de persecución o la ocurrencia de escenarios irreales, según la OMS. Mateo (27 años) fue diagnosticado de esquizofrenia cuando tenía 17 años. A una temprana edad pasó por un ingreso debido a que sufría delirios y alucinaciones. «No tengo ni idea de qué es una cárcel, pero es lo más parecido que he conocido», comenta sobre su experiencia.
Después de un proceso largo, un psiquiatra le entregó un sobre con el diagnóstico finalmente y cuenta que decidió abrirlo con quien era una persona de confianza para él en aquel momento, su profesor. Recuerda que lo primero que pronunció al leer esquizofrenia fue «No quiero ser esto», a lo que este le respondió que no era eso, que él era mucho más que un diagnóstico.

Mateo, 27 años.
Son voces que me daban miedo, sentía que si lo contaba mi realidad desaparecería
La esquizofrenia afecta aproximadamente al 1% de la población en Europa y a casi medio millón de personas en España. Aunque se trata de una condición sobre la que todos hemos escuchado hablar en mayor o menor medida, la aceptación social de la esquizofrenia sigue trayendo consigo un estigma aún por derribar.
Las afectaciones anímicas no son tan conocidas pese a a estar ampliamente descritas. Es una enfermedad que se mantiene a largo plazo y tiene un componente de cronicidad. Las causas son diversas y aún no se esclarece del todo. Parece existir una vulnerabilidad a desarrollar psicosis en algunos sujetos, como le ocurre a Mateo, ante situaciones de estrés.
Las personas con problemas mentales eran aisladas de la sociedad y confinadas en los llamados ‘manicomios', donde muchos de ellos permanecían durante un periodo extenso de tiempo.
España mantiene abiertos 91 hospitales dedicados a la salud mental y varios de ellos todavía cuentan con un número muy elevado de camas. Sin embargo, la falta de profesionales de la salud mental y de recursos limita la atención y la investigación sobre los trastornos mentales graves.
La Ley General de Sanidad de 1986 aspiraba, entre otros propósitos, a acabar con estos lugares para evitar los ingresos permanentes y que los pacientes tuvieran las ayudas necesarias para tener posibilidad de ser tratadas como cualquier otro paciente, y hacerlo, además, dentro su entorno socio-familiar.

En muchos países de Europa, estos centros comenzaron a cerrar en la década de los 60 y los 70, puesto que se vulneraron los derechos más básicos de las personas con problemas con trastornos mentales.
En España, la Ley General de Sanidad no llegó hasta mediados de los años 80. Un año antes se había publicado el ‘Informe de la Comisión Ministerial de la Reforma Psiquiátrica’. Esta ley recogía las recomendaciones de un amplio grupo de psiquiatras que exigían un cambio en el modelo de atención a la salud mental.
Una enfermedad mental es más que un sentimiento de tristeza o de angustia. Es un problema de salud pública, que se ve afectado gravemente por estigmas y prejuicios desde hace siglos. Romper con ellos es un trabajo en conjunto, y es necesario que haya un enfoque hacia la mejora de la calidad de vida de todos aquellos que padecen un trastorno mental.
